Atracón a mano armada

“Despreciamos las mayúsculas, las palabras huecas, las verdades de piedra, preferimos ser animales, antes que náufragos ilustrados. Somos no más garbanzos y chupamos el regusto del caldo en el que cocemos. En este blog verás lo que hacemos y lo que somos.”

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11 de Septiembre, 2009, 8:00

Mercedes Cebrián por David de Jorge E.

Archivado en: Crónicas Soitu.es, Placer express

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O de las respuestas de una típica “consumidora pro nobis”, sin pecado concebida.

Tuve el placer de conocer a Mercedes Cebrián este verano en Mendizorrotz, restaurante donostiarra de Igeldo, del que es asiduo nuestro común colega Oskar Alegría. Discreta y sencilla, madrileña chulapona, comedida en la mesa, casi muere del infarto cuando le plantaron su chuleta del quince sobre la mesa, a media comida.

Casi el mismo soponcio que me dio al repasar su trayectoria; esta mujer le da a todos los palos de la escritura como una auténtica jabata de las letras. Autora del libro de relatos y poemas ‘El malestar al alcance de todos’ (Caballo de Troya, 2004), del poemario ‘Mercado Común’ (Caballo de Troya, 2006) y del libro de crónicas ‘13 viajes in vitro’ (Blur, 2008), se dedica además a la traducción de libros y sus textos aparecen por los principales diarios y revistas españolas.

Desde hace un tiempo, es más fácil seguirla de cerca. Se declara treintañera ansiosa y ‘Consumidora pro nobis’. Se ha sometido sin rechistar a nuestro cuestionario de placeres.

¿Un placer compartido?

El folleteo, cómo no.

¿Un placer de tu niñez?

El relleno frío de la masa de croquetas.

¿Un olor placentero?

El de un asador de pollos.

¿Un placer egoísta?

Navegar por internet.

¿Un placer para tu oído?

Casi cualquier obra para violonchelo. Fan del violonchelo.

¿Un placer para tus ojos?

El diseño gráfico de calidad.

¿Un placer carnal?

Si comer vale como placer carnal…

¿Un placer desconocido?

Cortarme las venas en una bañera: dicen que es muy grato.

¿Un placer del gusto?

De nuevo las croquetas: el primer mordisco a una de cocido o de jamón.

¿Un placer anacrónico?

Poner Tipp-ex sobre una errata en un texto.

¿Un placer que no cueste dinero?

Mirar escaparates, probarse ropa y no comprarla.

¿Un placer del que avergonzarte?

Disfrutar con el olor de las coles de Bruselas.

¿Un placer fuera de tu alcance?

Ir a hotelazos.

¿Un placer irrenunciable?

Hacerme tazas y tazas de té cuando escribo o trabajo.

¿Un placer sobreestimado?

No por mí, sí por los demás: los percebes.

¿Un placer golfo y confesable?

Si es golfo no es confesable, lo lamento.

¿Quién es Mercedes Cebrián?

Una treintañera gafapasta ansiosa. Con temor al aburrimiento, como mucha gente de mi generación. Con una atracción media-baja hacia las grandes responsabilidades.

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