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	<title>David de Jorge &#187; Alonso Ruvalcaba</title>
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	<description>Atracón a mano armada</description>
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		<title>dos taquerías contra el caso omiso</title>
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		<pubDate>Wed, 12 May 2010 15:29:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alonso Ruvalcaba</dc:creator>
				<category><![CDATA[De la tierra a la panza]]></category>
		<category><![CDATA[La torre de Babel]]></category>

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o de un texto bien picoso que recién nos envió alon, compinche y embajador en df.
tengo frente a mí tres recientes guías de la ciudad de méxico: la df de la gente (editorial mapas), la guía taquera de chilango (abril, 2010) y “los mejores tacos gramo por gramo” (dónde ir, mayo, 2010). las tres cometen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-5450" title="tacos1" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2010/05/tacos11.jpg" alt="" width="620" height="320" /></p>
<p><strong>o de un texto bien picoso que recién nos envió alon, compinche y embajador en df.</strong></p>
<p><span id="more-5429"></span><a href="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2010/05/chistor12.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-5442" title="chistor1" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2010/05/chistor12.jpg" alt="" width="320" height="320" /></a>tengo frente a mí tres recientes guías de la ciudad de méxico: la df de la gente (editorial mapas), la guía taquera de chilango (abril, 2010) y “los mejores tacos gramo por gramo” (dónde ir, mayo, 2010). <strong>las tres cometen un duplicado error que da para entristecerse siquiera un poquito: no incluyen los mejores tacos del distrito federal</strong>. (se me objetará que esas guías funcionan como un consenso y que el consenso es más “objetivo” que la opinión personal. tal vez, <strong>pero yo <em>sé</em> que los tacos que estoy a punto de mencionar son los mejores de la ciudad</strong>, y lo sé con una certeza absoluta, como en esos sueños en que dices “soñé que estaba en viena” y agregas “bueno, nunca he estado en viena pero sé que era viena”.)</p>
<p><strong>el primero es el taco del cuñado</strong>. está en la esquina de isabel la católica y juan a. mateos, en la brillante colonia obrera. es poca cosa: un puesto con llantas encadenado a un poste; un tanque de gas, varias hornillas, una plancha toda negra, recipientes con cebolla y cilantro, pápalo, jitomates y aguacates, bisteces crudos, machitos groseros; uno más, con ternera guisada en su jugo. superemos es inicial fealdad.</p>
<p><a href="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2010/05/embutido11.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5440" title="embutido1" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2010/05/embutido11.jpg" alt="" width="320" height="620" /></a>éste es un taco del cuñado: <strong>una tortilla grande, del tamaño de un plato de plástico, doble, que se moja en grasa de cerdo color rojo, tal vez la grosura de una longaniza o un chorizo; bistec sazonado con polvos (sal, pimienta, algo más acaso) y con mucho jugo de limón, directamente en la plancha (el jugo se evapora al instante, el aire se llena de un humo denso, blanco, que huele a tizne); la carne se quema por partes; picada y erigida sobre la tortilla; se cubre de vegetales. y he aquí su ápice: <em>se salsea con el guiso de ternera</em>. el taco cruje –hace cruj– y su salsa pica la nariz, da filo a los costados de la lengua. no diré más.</strong></p>
<p><strong>el otro se llama mis ricos tacos toluca</strong> (o algo similar: sus amigos le decimos oliver, como a su taquero), y está en puente peredo, entre aranda y lópez, barrio de san juan. hace un tiempo el larguirucho y cadavérico crítico francés anton ego, cuya voz es sorprendentemente similar a la de peter o’toole y que tú, lector, acaso recuerdes por su participación en <em>ratatouille</em> (2007), estuvo en el taco toluca.</p>
<p>esto publicó al día siguiente, en parís: “la labor del crítico es sencilla: arriesgamos muy poco pero gozamos de un lugar por encima de quienes ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. nos solazamos en la crítica negativa porque es divertida. pero la verdad, agria, es que <strong>en la gran máquina del mundo una bazofia cualquiera tiene más sentido que la página en que la dictaminamos como bazofia</strong>. hay veces, sin embargo, en que el crítico de veras se arriesga: esto es, en el descubrimiento y defensa de lo nuevo. ayer me sucedió <em>algo nuevo</em>: una comida extraordinaria de una fuente por completo inesperada. decir que la comida y su autor han retado mis prejuicios es decir nada: me han sacudido hasta el fondo&#8230; antes me he burlado de la idea de que cualquiera puede cocinar pero después de ayer la he comprendido:<strong> no cualquiera puede ser un gran artista, pero un gran artista puede surgir en cualquier parte</strong>. es difícil imaginar un origen más humilde que el del genio que sirve tacos de queso de puerco en puente de peredo, centro, df, pero, en la opinión de este crítico, es uno de los grandes cocineros de méxico. <strong>estaré volviendo ahí: lleno de hambre y de esperanza</strong>.”</p>
<p>Crédito fotográfico by <a href="http://www.flickr.com/photos/ellwoodite/2112389009/" target="_blank">ellwoodite</a> &amp; <a href="http://www.flickr.com/people/12429208@N04/" target="_blank">gabriel lv</a></p>
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		<title>Apuntes para la última cena</title>
		<link>http://www.daviddejorge.com/2009/12/10/apuntes-para-la-ultima-cena/</link>
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		<pubDate>Thu, 10 Dec 2009 07:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alonso Ruvalcaba</dc:creator>
				<category><![CDATA[De la tierra a la panza]]></category>
		<category><![CDATA[La torre de Babel]]></category>

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		<description><![CDATA[
O de que una vez muera Alon Ruvalcaba, seguirá gimiendo la cocina en el interior de su esqueleto.
Iría por tiempos: 0.5. Panza de atún montada en una bolita de arroz. Un solo bocado: contendría mi recuerdo de todos los atunes que he probado y he visto en sus corrales a unos kilómetros de la playa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-4126" title="silla1" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/12/silla1.jpg" alt="silla1" width="620" height="320" /></p>
<p><strong>O de que una vez muera Alon Ruvalcaba, seguirá gimiendo la cocina en el interior de su esqueleto.</strong></p>
<p><strong><span id="more-4124"></span></strong>Iría por tiempos: <strong>0.5. Panza de atún montada en una bolita de arroz.</strong> Un solo bocado: contendría mi recuerdo de todos los atunes que he probado y he visto en sus corrales a unos kilómetros de la playa en Ensenada.</p>
<p><strong>1. Jamón de cerdo ibérico.</strong> Unos 50 gramos: así, recién recién cortado, sin nada más. Debería estar al tiempo de este día al final de noviembre: 15 grados, y que su grasa empiece a gotear sobre mi mesa; que me manche los dedos.</p>
<p><strong>2. <a href="http://antrobiotics.blogspot.com/2006/04/construyendo-lentejas.html">Sopa de lentejas.</a></strong> Pero de las buenas: espesa, con jitomates dulces y pancetta; con yerbas, con mantequilla, con parmesano. Sopa extraída a una memoria fija hacia 1980, cuando todo era posible: días exactamente opuestos a mi último día.</p>
<p><strong>3. Pollo rostizado.</strong> ¿Es mi imaginación o hay un prejuicio contra el pollo rostizado? He oído gente burlarse de otras personas porque comen pollo rostizado en la calle, en el parque, en el metro. Increíble. <strong>El pollo rostizado es la suma perfecta: puro animal y puro fuego.</strong> Es hacer que el animal se aporte a sí mismo: la piel da textura, la grasa llena a la carne de sabor. En plan doméstico: el pollo rostizado del súper, dorado ambarino cafecito; en plan de comer parados, los puestos blancos semifijos del metro Juárez o el metro Insurgentes; en plan de comer sentados, en México, dos sensacionales de <em>Masaryk</em> que guardaré en secreto; en Francia, el de<em> l’Arpège</em>; en Austria, el de <em>Meinl am Graben</em>. (Yo viví en Viena, trémulamente, unos meses. Si el mundo fuera justo y ésta de verdad fuera mi última cena comería pollo de <em>Meinl am Graben</em>, no otro pollo rostizado, y en el plato traería ensalada de papas en vinagre –<em>Erdäpfelsalat</em>–, y lo comería en el metro vienés de vuelta a mi casa, porque en esa ciudad dichosa eso no es un atentado contra el refinamiento del metro como aquí.)</p>
<p><strong>4. Un jocho.</strong> ¿Pero cuál? Los he buscado desde que se nos revelaron, hacia 1979, en Zacatecas. Eran hermosos: con un montón de jitomate y chile crudo. Opciones: los jochos todos rosas del centro en Monterrey; jochos en Praga, largos largos, con col agria; en Viena, previsiblemente, con la salchicha rellena de queso (<em>Käsekrainer</em> se llaman); aquí en la ciudad el jocho de la zona rosa, que podía aliviar la borrachera incipiente o avanzada de dos personas; en Jerez, con África enfrente, afuera del antro, del Camelot para ser exactos, donde llevan <em>dos salchichas</em>; en Santiago cubiertos con un montón (literal: un monte con aumentativo) de aguacate… No, no: ninguno de ésos es el de la última cena. Ese jocho es el del tianguis sabatino de <em>Frankfurt</em>, mero centro, y como en la última cena tengo derecho a lo que yo quiera mi hermana iría conmigo, y nos sorprendería eternamente el sabor a tizne de carbón, y la mostaza fuertísima y el bollo humeante. Ése sería el último jocho necesario sobre la tierra.</p>
<p><strong>5. Entonces tomaría un receso y diría: tráiganme un <a href="http://www.jornada.unam.mx/2007/10/04/index.php?section=gastronomia&amp;article=a09o1gas">mango.</a></strong></p>
<p><strong>6. Y luego quesos: roquefort, manchego semi, torta del casar, unas lasquitas de parmigiano. Higos, nueces, pan. Ate. Mermeladas, miel.</strong></p>
<p><strong>7. Un chocolatín, un espresso.</strong></p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-4130" title="rip1" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/12/rip1.jpg" alt="rip1" width="620" height="320" /></p>
<p>Y habría bebido <strong>champaña rosada; vino blanco de Chile fresquísimo, blanco de Borgoña</strong> de los ponedores; tinto:<strong> l’Ermita</strong>; blanco dulce casi ámbar de Austria; y al final, nomás por descansar el paladar, de nuevo un blanco de Chile hiperfresco.  <strong>Entonces me llevarían a la silla eléctrica</strong>, y del otro lado del vidrio blindado y final estarían dos o tres amigos y dos o tres ex novias, hermosos virreyes perdidos, y una voz me preguntaría si tengo algo que decir y yo respondería elegantemente “no”, y justo cuando el verdugo suba el <em>switch</em> y yo sienta que una corriente me tensa para siempre jamás, pensaría: <strong><em>¡Carajo!, hubiera pedido <a href="http://www.jornada.unam.mx/2007/01/11/index.php?section=opinion&amp;article=a09o1gas">una hamburguesa.</a></em></strong></p>
<p>alon.ruvalcaba@gmail.com</p>
<p>Crédito fotográfico by <a href="http://www.flickr.com/photos/edsanca/4137668861/" target="_blank">eDsanca</a> &amp; David de Jorge E.</p>
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		<title>La bestia entera</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 06:15:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alonso Ruvalcaba</dc:creator>
				<category><![CDATA[De la tierra a la panza]]></category>
		<category><![CDATA[La torre de Babel]]></category>

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		<description><![CDATA[

O de un chilango leído, comido y viajado como ninguno.

&#8230;la vaca, sí, y por supuesto sus partes más queridas: el enorme costillar, el tierno filete, la lengua, las muchas formas de la panza, y las mollejas de la ternera; y el becerro: la cabeza, los ojos, los cachetes, la lengüita; y el cabrito: la pierna, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><img class="alignnone size-full wp-image-2648" title="labestiaentera1" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/05/labestiaentera1.jpg" alt="labestiaentera1" width="620" height="320" /></p>
<p class="MsoNormal"><strong>O de un chilango leído, comido y viajado como ninguno.</strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><span id="more-2618"></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">&#8230;la vaca, sí, y por supuesto sus partes más queridas: el enorme costillar, el tierno filete, la lengua, las muchas formas de la panza, y las mollejas de la ternera; y el becerro: la cabeza, los ojos, los cachetes, la lengüita; y el cabrito: la pierna, el lomo, la deliciosa riñonada con su tesoro escondido, brillante, hermoso como un testículo; y los pollos, <strong>su piel doradísima en el rosticero</strong>, la música del fuego sobre ella, y la jugosa carne de su piernimuslo (acabo de recordar: anoche soñé que comía un pollo perfecto, en que la pechuga no tenía menos jugo que el muslo y el ala se sentía tan carnosa como la pierna); y los guajolotes y las aves de caza y los búfalos y los cervatillos&#8230; Pero ninguno de ellos acarrea tanta identidad, tanta compasión, tanto amor silencioso o sonoro, como el puerco.</span></p>
<h3><span lang="ES-MX"><strong><em>The piggy confessional</em></strong></span></h3>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Así llama Sara Dickerman, de Slate.com, a un subgénero de ensayo comestible que ella cree que “viene desarrollándose hace más o menos año y medio”. En él, “un puerco muerto (que el autor suele haber matado o fileteado o comido) provoca una meditación sobre la ética y la estética de comer”. Y menciona algunos autores: Peter Kaminsky y su “maravillosa elegía del jamón” en <em>Pig Perfect</em>, un libro que se detiene también largamente en el verdadero tesoro de los mayas: la cochinita pibil; a Tony Bourdain, que se rompió después de ver morir a un puerco, “en la punta de la lanza que él mismo blandía”; de Tamara Murphy, que “documenta la vida de una camada de puercos del nacimiento al banquete” (el texto, posteado durante doce semanas, es menos emocionante de lo que cabría; sólo el día de la matanza se siente un verdadero temblor en el corazón de Murphy, y le falta la sangre fría para mostrar las imágenes); a Pete Wells, cuyo ensayo en Oxford American ; al judío David Rakoff, que vive en la contradictoria condición de amante del puerco, y del que copia este párrafo: “Como judío que come puerco, ensalzar la ilimitada perfección del cochinillo del restaurante Great NY Noodletown requiere, necesariamente, un segundo simultáneo de silencioso reconocimiento, al lado de mi rapsodia feliz, de que ésta es la<img class="alignleft size-full wp-image-2655" title="labestiaentera23" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/05/labestiaentera23.jpg" alt="labestiaentera23" width="320" height="620" />carne de una triste historia. Si no, soy nomás un güey comiendo puerco.” (Dickerman recuerda el volumen The Singular Beast: Jews, Christians, and The Pig, que documenta que en el siglo 19 ciertos chavitos franceses se torcían las orillas de las gorras en forma de orejas de cerdo, las agitaban y les gruñían a los judíos; también, que en la edad media, a los judíos convictos de asesinato se les colgaba bocabajo, “como puercos muertos”. <strong>Nunca he visto ese libro, pero tal vez esté ahí también el desarrollo de la palabra </strong><em><strong>marrano</strong></em><strong>, que es inverso, al menos en apariencia</strong>: en árabe significó “declarado anatema”, en español fue diciéndose del “converso que judaizaba ocultamente”, “persona maldita”, “persona sucia”, “persona grosera” y, sencillamente, “puerco”, el mamífero. Y acaso los groseros desplantes de Quevedo: </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Las damas, a pellizcos, repelaban</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">y resquicio de bocas sólo abrían; </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">los barbados las jetas desgarraban, </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">y a cachetes los antes embutían; </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">los moros las narices se tapaban </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">de miedo del tocino y engullían, </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">en higo y pasa y en almendra tiesa, </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">solamente los tantos de la mesa</span></p>
<p class="MsoNormal">etc, etc.)</p>
<p class="MsoNormal">Dickerman, en cambio, no menciona al jefe Steingarten y su emocionante It takes a village to kill a pig (Vogue, octubre 1999), que contiene frases desarmantes: “La piel de nuestro cerdo era grisácea, le crecían vejigas sucias desordenadamente; sus ojos eran minúsculos. Su fealdad me hizo más fácil no simpatizar con él.”</p>
<h3><span lang="ES-MX"><em><strong>Fer matances</strong></em></span></h3>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Felanitx, Mallorca, enero 2004. Las playas de la isla se han vaciado de turistas, en los antros se puede volver a bailar, pero en una granja de Felanitx, donde he venido a buscar no sé qué absurdo pasado de índole sexual, sucede la matança: tres tipos arrastran al puerco, atado de los tobillos, hasta una plataforma; ahí, un granjero le jala la cabeza con un gancho; el cerdo piensa un segundo, deja de luchar, quién sabe por qué; el granjero encarna el cuchillo, arriba del pecho y corta todo el camino hasta la barbilla; mana sangre; el puerco vuelve a luchar por sus últimos minutos, grita, aúlla (después, Japón de Carlos Reygadas iba a recordarme interminablemente ese momento); <strong>resbala pero no sobre su sangre, que hay que recolectar, sino sobre su desesperación; luego murió</strong>. Y ya. Lo convirtieron en sobrasada, en chuletas, en chicharrones, en salchichón, en morcillas, en queso de puerco, en cualquier cosa. Salimos inquietos de ahí; fuimos a Deià, en auto, viendo las montañas acercarse a nosotros a 120 kilómetros por hora (manejaba bien Catalina), y dejamos atrás el llano y subimos las imposibles carreteras de la tramontana: el paisaje de sus pueblos –Banyalbufa o Valldemossa–, construidos como terrazas pendientes de una sierra que desemboca en el Mediterráneo, vertiginoso, parecido a un clavadista a punto de lanzarse a un mar indiferentemente azul; nos detuvimos a comer en Jaume: caracoles con all’ioli; y<span> </span>arroz brut, que trae puerco, pollo, cordero, azafrán; y la ilimitada perfección de una lechona rostizada con papas. Nos emborrachamos. Subimos un poco más hasta el cementerio mirruñita. Ahí está la tumba de Robert Graves, que dice nomás “1895-1985 Poeta”. Todo, todo: yo, Graves, Catalina, el coche, los algarrobos, la sangre del cerdo, la plataforma, el pienso, el gancho y el cuchillo, la piedra horizontal, es parte del paisaje.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><a href=" http://gravitysra1nbow.wordpress.com" target="_blank"> http://gravitysra1nbow.wordpress.com</a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Crédito fotográfico by <a href="http://www.flickr.com/photos/dariohead/473794153/" target="_blank">dariohead</a> &amp; David de Jorge<br />
</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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		<item>
		<title>Otra nomenclatura alcohólica</title>
		<link>http://www.daviddejorge.com/2009/05/22/otra-nomenclatura-alcoholica/</link>
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		<pubDate>Fri, 22 May 2009 06:15:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alonso Ruvalcaba</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Copa Deivi's]]></category>

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		<description><![CDATA[

O de una disertación minuciosa hasta el infinito acerca del cocktail.
&#8230;Y es que supuestamente nadie sabe de dónde salió cocktail. El casi siempre moderado Oxford dice que el origen “appears to be lost”; da la primera aparición de la palabra en 1803: Farmer’s Cabinet 28 Apr. 2/3: “Drank a glass of cocktail excellent for the [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><img class="alignnone size-full wp-image-2663" title="otranomenclaturaalcoholica" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/05/otranomenclaturaalcoholica.jpg" alt="otranomenclaturaalcoholica" width="620" height="320" /></p>
<p class="MsoNormal"><strong>O de una disertación minuciosa hasta el infinito acerca del cocktail.<span id="more-2613"></span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">&#8230;Y es que supuestamente nadie sabe de dónde salió <em>cocktail</em>. El casi siempre moderado Oxford dice que el origen “appears to be lost”; da la primera aparición de la palabra en 1803: Farmer’s Cabinet 28 Apr. 2/3: “Drank a glass of cocktail excellent for the head&#8230; Call’d at the Doct’s&#8230; drank another glass of cocktail.” </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">En Cupbard love de Mark Morton hay varias posibilidades: <strong>una, imposiblemente ridícula, quiere que derive del nombre Xóchitl</strong>, la “princesa azteca” que preparó uno la primera vez (lástima que Morton no dé el nombre del orate etimólogo); otra, que venga de kaketal, que según esto es el nombre del alacrán en algún lugar del África occidental que nadie puede recordar, y viene de ahí, dicen, porque ambos, coctel y bicho, van con piquete.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Otra, tal vez menos delirante, que viene del francés coquetier que, dice l’Académie en 1798, est un utensile de table sur lequel on met un oeuf pour le manger à la coque, una madrecita donde se pone un huevo para comerlo en su cascarón: el boticario Antoine Peychaud, que llegó a Nueva Orleans en 1793, <strong>servía su mezcla de bitter, whiskey y azúcar (el primer coctel, según) en un coquetier</strong>. Por lo menos esta versión medio coincide en el tiempo con la primera aparición de la palabra y con su saludable contenido (“excellent for the head”). </span><span lang="EN-US">Hay una frase en Dickens: “<em>He could drink more rum-toddy, mint-julep, gin-sling, and cocktail, than any private gentleman of his acquaintance”</em>. </span><span lang="ES">Un gran bebedor. El toddy es un chupe de whisky (o ron o gin o brandy) con agua caliente y azúcar; viene en estos versos cantarines de Robert Burns (1786):</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES"> The lads an’ lasses, blythely bent,</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">To mind baith saul an’ body, </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Sit round the table, weel content, </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">An’ steer about the toddy,</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">pero <strong>mucho más memorablemente en la máxima rola de Cole Porter</strong>, You’re the top (y sí lo eres, neta), que es de 1934 y repite la rima de Burns:</span></p>
<p class="MsoNormal">You’re the top!</p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">You’re a Ritz hot toddy.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">You’re the top!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">You’re a Brewster body.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Así servían el hot toddy en el Ritz: agua caliente, brandy, azúcar, limón y vara de canela (ya de paso: Brewster body es la carrocería de hiperlujo que la Brewster Co. empezó a vender a principios de siglo). <strong>El mint-julep, típico de Kentucky, es mezcla de menta, azúcar, hielo mortificado (como un mojito) y bourbon</strong>. </span><span lang="ES">Está descrito en los viajes de John Davis (1803): “A dram of spirituous liquor that has mint steeped in it, taken by Virginians of a morning”; su nacimiento mitológico viene en el poema Mint julep de Charles Fenno Hoffman: en el Olimpo a Baco se le acaba el alcohol; entre los dioses deciden crear un trago (a draught) que mande a la sombra cualquier vino bebido jamás; Ceres pone los granos, Pomona el jugo del melocotón (¿?), Venus el hechizo, la calentura, Flora las yerbas (la estancia va así: Flora then, from her bosom of fragrancy, shook, / And with roseate fingers press’d down in the bowl, / All dripping and fresh as it came from the brook, / The herb whose aroma should flavor the whole; uno como que sí se imagina surfeando en ese seno fragrante), Júpiter el hielo o granizo. Está mamón pero vale la pena leerlo; al menos el último cuarteto:</span></p>
<p class="MsoNormal">The draught was delicious, and loud the acclaim,</p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Though something seemed wanting for all to bewail;</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">But Juleps the drink of immortals became,</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">When Jove himself added a handful of hail.</span></p>
<p class="MsoNormal">En la edición de 1921 de American Language Mencken pone julep en la lista de palabras que sobreviven del siglo diecisiete en inglés gringo pero que “desde hace mucho son obsoletas o meramente provincianas en Inglaterra”. (Me desespera que en esa edición no aparezcan detalles sobre el mint-julep, aunque Mencken sí menciona, entre otros, el rickey, el horse’s neck, el Mamie Taylor, el Tom-and-Jerry, el Tom-Collins, el brandy-champarelle, el golden-slipper, el hari-kari, la locomotive, el whiskey-daisy, el blue-blazer, el black-stripe, el white-plush y el brandy-crusta, así sea para decir que su origen es “quite unknown”. En cambio, en la edición de 1966, que no puedo revisar, sé que aparece esta frase: “The true father of the mint julep is the smash, traced in the form of brandy&#8230;” Pero Google Books no deja leer más. Ojetes.) El de Autoridades, en 1734, dice de julepe: “Term. Pharmacéutico. <strong>Bebida dulce, compuesta de aguas destiladas, o liquores cocidos y clarificados, y azúcar</strong>, que suelen dar para refrescar y confortar los espíritus; viene del Arábigo Julep, que significa lo mismo” (Oxford disiente ligeramente: dice “ad. Arab. julāb, a. Pers. gul-āb”, que es “agua de rosa”, gul=rosa + āb=agua), y cita la autoridad de un señor Oña, al que no fingiré que conozco, que en el discurso 8 del primer capítulo del primer libro de sus <em>Postrimerías del hombre</em> cuela estas frases: “Le ordenó un divino brebage, una pócima celestial, un julepe soberano”; y bueno, ya encarrerados, en el Cancionero de Baena están estos versitos: “E pues que qujsystes <span> </span>saber mjs dolores / consolame vos flor de dezjdores / con algund julepe de buenos olores / commo a otros fazedes&#8230;” (Las Postrimerías son de 1603; el Cancionero, de la primera mitad del siglo quince.) Ya nomás por no dejar: el otro trago que aparece en la frase de Dickens que generó este fárrago, el gin-sling, viene descrito así en el British and Foreign Spirits de 1864: “The American summer drink, Gin Sling is prepared thus: Gin and water, sweetened with pounded white sugar, in which are stuck leaves of fresh gathered mint”: lo mismo que un mint-julep, pues, nomás que con ginebra&#8230; Ah, y antes aparece en la lista American Summer Drinks de <em>Hints for the table</em> de 1859, abajo del mint-julep, con la admonición “igual que el anterior”&#8230; Carajo, ya no me acuerdo de qué estábamos hablando.</p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES"> <a href="http://gravitysra1nbow.wordpress.com" target="_blank">http://gravitysra1nbow.wordpress.com</a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Crédito fotográfico by <a href="http://www.flickr.com/photos/maessive/117578537/" target="_blank">maessive</a><br />
</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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		<title>Cocina chilanga</title>
		<link>http://www.daviddejorge.com/2009/01/20/alon-ruvalcaba-y-la-cocina-chilanga/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Jan 2009 10:08:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alonso Ruvalcaba</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ñampazampa]]></category>

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		<description><![CDATA[
O de una      crónica repleta de charamuscas, muéganos, cocadas, calabazates y      mostachones.
Nuestra embajada mejicana es un cóctel de guaracha. No tiene puerta y todo quisque oye los ecos del Gravity&#8217;s Rainbow, cuadra arriba, cuadra abajo. No recogen el correo ni apuran el césped con la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignnone size-full wp-image-1160" title="cocinachilanga" src="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/01/cocinachilanga.jpg" alt="cocinachilanga" width="620" height="320" /></strong></p>
<p><strong><a href="http://www.daviddejorge.com/wp-content/uploads/2009/01/cocinachilanga.jpg"></a>O de una      crónica repleta de charamuscas, muéganos, cocadas, calabazates y      mostachones.<span id="more-385"></span></strong></p>
<p><span lang="ES">Nuestra embajada mejicana es un cóctel de guaracha. No tiene puerta y todo quisque oye los ecos del <a href="http://gravitysra1nbow.wordpress.com">Gravity&#8217;s Rainbow</a>, cuadra arriba, cuadra abajo. No recogen el correo ni apuran el césped con la segadora. En la piscina crece sabroso plancton y la cloradora murió anegada por el verdín, asfixiada por un viejo cebador. Al fondo del jardín, crecen invasoras, plumeros de la pampa, pseudoacacias, robinias y cañaveral, que no perdonan y avanzan hacia Alon y sus invitadas (si no ponen remedio), a ritmo de hecatombe medioambiental. Los carros oficiales se oxidan en los garages, el circuíto del agua murió (para qué agua si hay tequila) y en el pequeño estanque ante la puerta, duermen copas, botellas, bragas mojadas por la lluvia y alguna que otra cucaracha que encontró allá el mejor chalet para los meses de chicharra. ¡Ay Alon, cuanta hermosura! ¡Pronto iremos!</span></p>
<p>De vez en cuando, nuestro ilustre pinche güey <a href="http://www.jornada.unam.mx/2007/01/25/index.php?section=opinion&amp;article=a11o1gas">escribe crónicas que redacta como los grandes</a>, es decir, pasándose las reglas ortográficas por la punta del badajo y obviando las mayúsculas, que no se si saben, inventaronse para formar chungas siglas de aparatos oficiales e insultar en internet (y en la poesía y las novelas de Henry Chinasky). Dice Alon:</p>
<p><strong><span lang="ES"><span style="font-weight: normal;"><em>&#8220;acaso menos que oaxaca o mérida, pero la ciudad de méxico siempre ha sido un imán del turismo gastronómico. el primer gran jalón se dio hacia mediados de los cuarenta, cuando la ciudad vivía un más o menos artificial apogeo. ibas, por ejemplo, al club de banqueros en el callejón de la condesa a ver la alameda desde la terraza (se necesitaba membresía, igual que ahora); al lido o a la blanca, sobre lo que hoy es el eje central (san juan de letrán entonces); al vertiginoso prendes, con su acelerada clientela cambiante; al «bohemio tardío» café parís o al acapulco de cándido madrid sobre la calle lópez; o a la flor de méxico con sus molletes y sus chocolates y sus pasteles y su agua tibia; o con los «empistolados clientes» del tampico club, inventor de la «carne a la tampiqueña» (si es que esa carne asada flaquita y acompañada de chilaquiles necesitaba un inventor); o a la vie parisienne por sopa de cebolla y canard à l’orange o coq au vin; o, en la roma, a los antojitos michoacanos de eréndira, o los oaxaqueños de donaji, ambos en álvaro obregón; o, ya en el punto más alto, les ambassadeurs sobre reforma, el restaurante más refififí de la época, con su bar mamón y su cocina excelente, que sobrevivió varias décadas. (aunque, aceptémoslo, muchos turistas optaban por algo más o menos ridículo e incomestible como los charros que, en palabras de salvador novo, «habría equivalido al mexican dinner de cualquier deplorable comedero spanish de los ángeles, al consistir en un lunch o carne asada ‘cantinflas’ con taco y enchilada marchitos, inaceptables, náufragos en catsup»)</em></span></span></strong></p>
<p><strong><span lang="ES"><span style="font-weight: normal;"><em>también era una ciudad dulcera: novo enumera: «pirulíes, bloitas, trompadas, charamuscas, azucarillos, coronitas, varitas de azúcar, pepitorias, muéganos, cocadas, calabazates, camotes, mostachones», hacia 1950 salubridad ya había ido desapareciendo a los vendedores callejeros, pero aún se podía recorrer el centro en busca de esas joyas: las había en la flor de tabasco de la calle tacuba, en la dulcería de celaya que aún hoy oficia sus misterios sobre cinco de mayo, en la flor de guerrero de tacuba comíamos helados…</em></span></span></strong></p>
<p><strong><span lang="ES"><span style="font-weight: normal;"><em>entonces, o al menos eso parece, los chilangos nos movíamos un poco menos con los vaivenes de la moda. después, adictos a lo que llegaba o creíamos que llegaba de nueva york o barcelona, las cosas cambiaron. así, en el transcurso de los últimos veinte años hemos pasado por la moda del ‘videotaco’, que aprovechaba el éxito de los ‘videobares’, localitos para tomar copas con el fondo de música proveniente de muchas pantallas de televisión; por la del sushi bar, que llegó acompañada de mil dietas y la novedad del agua embotellada hacia el final de los vanidosos años ochenta; por la del mediterráneo, que, felizmente y acaso por primera vez, nos hizo voltear los ojos hacia la calidad del ingrediente; por la del oyster bar, la más volátil de todas, y por la del deli, que tampoco duró mucho más de un año; por la del restaurante de ‘nueva cocina mexicana’, la cual más que nuevas recetas propuso nuevas presentaciones, con el entendido de que debían de ser dramáticas; por la del bistro, ese espacio para la cocina regional, doméstica, francesa, que es el equivalente de una fonda pero que en la ciudad ascendimos en mamonería; por la de la fusión, que se apropió de media ciudad con su fácil combinación de técnicas clásicas e ingredientes supuestamente exóticos, abrió muchas compuertas de la imaginación pero, al final, acabó siendo una forma más de nuestro hastío.</em></span></span></strong></p>
<p><strong><span lang="ES"><span style="font-weight: normal;"><em>en estos días el distrito federal vive hipnotizado por varias corrientes. una, que tristemente va de salida, es la de tapas, esa pequeña forma de la felicidad que despertó el mero sentido común hace un par de años, y que se ha visto muy beneficiada por el auge mundial de la cocina española. hay buenos coreanos, un sensacional bar de sake, interesantes chinos, tailandeses de sabrosa cosecha e incontables japoneses. aunque no es una moda dos de los mejores restaurantes de la ciudad, pujol y águila y sol –ambos muy bien apreciados por guías y revistas extranjeras–, se están caracterizando por ejercer una cocina mexicana nostálgica y a la vez crítica: saben voltear hacia la memoria culinaria colectiva, desbaratar recuerdos que son platillos y volver a montarlos de formas sorprendentes, inteligentes y a veces incluso divertidas.</em></span></span></strong></p>
<p><strong><span lang="ES"><span style="font-weight: normal;"><em>también se puede dividir el estilo restaurantero del df como un asunto de código postal. el centro es de restaurantes a la antigüita, con un servicio igualmente anticuado; la condesa, de fondas venidas a más con una ocasional escapada hacia el siguiente escalón del refinamiento; polanco del restaurante dizque trendy, en general con más interés puesto en el servicio; lomas, del local con talante más carero pero también más oficinesco, menos atrevido&#8230; pa todos hay.&#8221;</em></span></span></strong></p>
<p><span lang="ES">¿Ven? Qué donaire, qué galanura, dios guarde a los chilangos muchos años; y a Ruvalcaba, nos lo guarde un poco más.</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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