“Somos excesivos, pues en el desayuno mezclamos café y chocolate para disfrutar de las dos bebidas. Quienes nos conocen, afirman que es una porquería y que en la mezcla se pierde el valor, el gusto y la fortaleza que los dos ingredientes tienen por separado. No hacemos caso, mentiríamos si dijésemos otra cosa, pues todas las mañanas, cuando bebemos de nuestra taza, pensamos que sugerirle castidad a un libertino o prudencia a un valiente es como hablar de humanidad a un tirano.!”