David de Jorge define su trabajo como “pura exaltación de la gula y el jovial disparate” y este libro es un reflejo de ello, pues reivindica “la buena comida sin fantochadas y con buenos ingredientes, el milagro más seguro: una gastronomía con sentido común que desenmascarará a los egochefs más horteras”. A partir de esta declaración de intenciones, compone un excepcional menú de infinitos platos que pueden combinarse con libertad absoluta, breves piezas elaboradas con un lenguaje coloquial y desenfadado, irreverente en ocasiones y siempre inteligente.
Una invitación al disfrute de los placeres cotidianos, amistad, amor o literatura, celebrados alrededor de una mesa y con la comida como eje de una experiencia múltiple, completa y, sobre todo, divertida.